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Uno de los grandes errores que se cometen diariamente es el de ser
incapaces de disfrutar lo que tenemos.
Pensamos siempre: cuando me case seré feliz, cuando tenga ese dinero
seré feliz, cuando tenga un hijo seré feliz, cuando lleguen las
vacaciones seré feliz, y así sucesivamente.
Estamos viajando en un tren y pensando siempre llegar a una estación
mientras nos perdemos el viaje, los paisajes, los encuentros con gente
interesante, los amaneceres, los atardeceres,... solamente para darnos
cuenta que al llegar a la estación hay que proyectarse hacia otro
destino.